Barrio de la morería, huella del pasado mudéjar de Madrid

Acostado sobre una de las colinas que conformaban el perfil de aquel primitivo Madrid comenzó a construirse poco a poco, casita a casita, el que ha llegado a nuestros días como el barrio de la morería. ¿Queréis conocer  más de este clásico de la ciudad?

Iglesia de San Andrés en Madrid en la plaza de Carros, a pocos metros de la Plaza de la Puerta de Moros.

Al calor del crecimiento de aquel pequeño asentamiento militar mandado construir por el emir Mohamed I en el siglo IX, al que la ciudad homenajea con un precioso rincón a los pies de los restos de la muralla, fueron apareciendo poco a poco un puñado de casas frente a la colina del alcázar, al otro lado del arroyo de San Pedro, hoy calle Segovia, sobre aquella abrupta pendiente. En una primera fase, durante el periodo musulmán, estas casas fueron habitadas por población cristiana de origen hispanovisigodo que se había mantenido bajo territorio musulmán, formando el apartado arrabal mozárabe de la Mayrit.

Una vez que la ciudad fue conquistada por las tropas castellano-leonesas del rey Alfonso VI en el siglo XI, la configuración de la ciudad presentó importantes cambios. La población cristiana, que se alojaba a las afueras de la ciudad, pasó a ocupar zonas más céntricas y protegidas como el  interior de la muralla y la medina. Por contra, la población musulmana que permaneció en la ciudad tras la toma cristiana tuvo que mudarse a barrios más pobres y retirados de la almudayna. En concreto, fueron alojándose en las casas que los cristianos habían dejado libres al otro lado del arroyo de San Pedro, creando el arrabal mudéjar de la ciudad. Este grupo de casas se comenzaron a llamar coloquialmente barrio de la morería, haciendo referencia a los vecinos que las habitaban, dando origen, como os habéis percatado, al nombre del barrio llegando hasta nuestros días.

Si una tarde cualquiera queréis llevar a vuestra imaginación a saborear el ambiente que pudieron vivir estos pobladores siglos atrás solo hace falta evadir la mente y recorrer tranquilamente sus desordenadas calles, sufrir sus empinadas cuestas o descubrir los pequeños rincones que esconde el barrio. Unos rincones que estarían salpicados por pequeños comercios, baños o mezquitas que satisfarían las necesidades básicas de sus vecinos. Unas calles llenas de vida que estarían ocupadas principalmente por agricultores, comerciantes, artesanos o albañiles, oficios que principalmente ejercía la población musulmana de la ciudad.

Iglesia de San Pedro el Viejo, una de las iglesias más antiguas de Madrid

Tras la conquista cristiana, el perímetro de la muralla se amplió para poder incluir dentro de su protección a diversos arrabales que habían crecido extramuros de la ciudad. Entre estos grupos de casas que pasaron a estar dentro de los muros de la ciudad se incluyó el barrio de la morería, lo que le dotó de más seguridad. En una fase inicial, el barrio de la morería se fue desarrollando entorno a la plaza del Alamillo, donde se cree que estuvo emplazado el tribunal que ejercía justicia sobre los ciudadanos musulmanes de la ciudad. La morería vieja, que así se llamó este primitivo barrio, ocupaba una extensión que llegaría desde la actual calle Segovia hasta la plaza de San Andrés, donde actualmente se encuentra el Museo de los Orígenes. Con el pasó del tiempo este grupo de casa fue creciendo, formando la morería nueva, que llegó a ocupar terrenos en las inmediaciones de las cavas. Traspasando la puerta de Moros, acceso sur de la muralla cristiana se encontraría uno de los cementerios musulmanes donde esta población enterraba a sus muertos. Este cementerio musulmán se encontraría bajo los terrenos que quedarían entre el Mercado de la Cebada, la calle del Humilladero y la Puerta de Toledo. 

Como recuerdo a aquella época pasada, podemos ver en la actualidad una multitud de topónimos que están salpicados por este barrio. Calle y plaza de la Morería, plaza del Alamillo o Puerta de Moros son algunos de ellos, sin olvidarnos de la imprimación mudéjar que dejaron en algunas de las iglesias más emblemáticas de la ciudad como son San Pedro el Viejo o San Andrés. Solo están ahí para que sean descubiertos realizando un pequeño recorrido por este viaje que nos llevará al Madrid medieval, tan desconocido para muchos y tan fascinante para otros, edulcorado por rincones como el Jardín del Príncipe de Anglona o calles repletas de magia como la calle del Nuncio. Un lugar ideal para recorrer y, como no, tomarse un refrigerio en alguna de sus terracitas que alegran el paseo.

Espero que os haya gustado esta historia y la haya hecho descubrir algo que desconociais.

¡Buen día!

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