El verdugo de la Villa

El verdugo de la Villa era una figura poco querida por el resto de sus vecinos, por razones que no hacen falta explicar. Al final era el protagonista del espectáculo tan grotesco en que se convertían las ejecuciones y encargados de la parte más sangrienta del mismo. En general los vecinos intentaban evitarlos y excluirlos de la vida social por el mal fario y terror que representaban. Este fue uno de los motivos por el que los verdugos comenzarán a taparse la cara con máscaras, para no ser conocidos por el resto de la población y de estar forma no ser excluidos.

Lienzo que detalla una ejecución en la plaza de la Cebada de Madrid

La cárcel de la Corte estaba situada en el palacio de Santa Cruz, actual Ministerio de Asuntos Exteriores, a pocos pasos de la plaza Mayor y el verdugo de la Villa, junto con su familia, vivían en la próxima calle de Santo Tomás. Por este hecho, la calle terminó convirtiéndose popularmente en el callejón del verdugo por ser la residencia habitual de estos ejecutores de la ley. En alusión al arcángel Miguel que corona la fachada del edificio, nace la castiza expresión de dormir bajo el ángel, en alusión a pasar una noche en prisión.

En aquella época, las ejecuciones públicas constituían un espectáculo muy concurrido en el que la población acudía en masa a las plazas madrileñas donde tenía lugar aquel siniestro acto. Desde el siglo XVII, se estableció la Plaza Mayor como sede de estas ejecuciones, por ser la más grande de la ciudad, albergando diversas zonas para cada tipo de ejecución de ladrones, violadores y asesinos. El portal de Paños, se destinaba a la horca, la Casa de la Carnicería era el lugar para degollar y siglos más tarde, justo en frente, en la Casa de la Panadería se dejó para el garrote vil. Algún siglo más tarde, se cambio de sede para situarla en la Plaza de la Cebada, donde vieron el fin de sus días algunos personajes ilustres como el militar liberal Rafael de Riego

El verdugo de la Villa tuvo trabajo en Madrid hasta hace relativamente pocos años, aunque parezca extraño. La última persona que ostentó el cargo fue Antonio López Sierra participando en la conocida y última ejecución del anarquista Salvador Puig Antic en el año 1974 en la ciudad de Barcelona.

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