Hotel del Negro

Quizá sea uno de los lugares más transitados y a la vez menos comentados de esta ciudad que nunca descansa. En una fugaz mirada a esta Puerta de Europa podemos divisar algunos de los edificios y monumentos más carismáticos y reconocidos de la ciudad. Como ya habréis adivinado, está historia tiene como protagonista a la plaza de Castilla con sus icónicas Torres Kio, su elegante columna de Calatrava, su solemne monumento a Calvo Sotelo o los antiguos depósitos del Canal de Isabel II, cohetaneos de nuestro protagonista. Elementos que hacen inconfundible a este reconocido espacio de la capital.

Una imagen muy distinta a la que podríamos apreciar en los primeros años del siglo XX. Por aquel entonces, en este espacio alejado del ajetreo del centro de la ciudad, en el extremo de Tetuán de las victorias, partían los caminos que llevaban a las pequeñas poblaciones vecinas que quedaban al norte. A saber, Chamartín de la rosa o Fuencarral. En este entorno se encontraba el conocido  y concurrido Hotel del Negro que tantas historias pudo contar en su interior.

En esta imagen extraía del diario ABC se puede apreciar claramente el Hotel del Negro junto a los depósitos del Canal de Isabel II a mediados del siglo XX

Este singular edificio se situaría aproximadamente en el centro de la actual plaza, divisando con sus tres alturas, su jardincito y su pequeño torreón a todo aquel que pasara por sus alrededores. Además de los vecinos de los pueblos cercanos, no eran pocas las personas que por un motivo u otro paraban en este lugar para tomarse algo y pasar un rato en él. Su envidiable situación permitía convertirse en un cruce de destinos.

En los alrededores se situaría una de las paradas de tranvía que unía el barrio de Cuatro Caminos con Chamartín de la Rosa y Fuencarral. Además el cercano y desaparecido cementerio de Chamartín haría alguna que otra comitiva fúnebre realizará una pequeña parada en su triste desplazamiento antes de llegar al más allá.

En más de una ocasión salía en las habituales tertulias de barra de aquel lugar el debate de su nombre. La razón más debatida y apoyada era que el nombre de aquel conocido espacio se debía a que aquel hotel fue regentado por un hombre de color que se jactaba de ser uno de los primeros habitantes de la población de Tetuán. Nada más lejos de la realidad, porque el hotel debía su nombre al diputado Domingo Negro quién sería el dueño de este negocio y del que tomó su nombre cogiéndolo de su primer apellido.

Este peculiar edificio tuvo su fin debido a los proyectos de prolongación del paseo de la Castellana que por aquella época daba un pequeño estirón hacia el norte convirtiéndose en una gran vía de acceso a la ciudad. Otro de los emblemáticos espacios que llegaron a su fin por estos proyectos urbanísticos fue el hipódromo del Paseo de la Castellana. Años después vemos el resultado de aquella expansión de la ciudad hacia el norte y el este de la misma, convirtiéndose esta zona en uno de los puntos neurálgicos de la vida de Madrid.

Siempre me gusta hablaros de historias y curiosidades de esta ciudad tan embaucadora y mágica ciudad que guarda en cada uno de sus rincones mil cuentos y anécdotas esperando a ser escuchadas. Espero que en esta ocasión os haya ayudado a descubrir una de ellas. ¡A por la siguiente! ; )

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