Los primeros tranvías de Madrid

En este artículo me gustaría hablaros de los ya desaparecidos tranvías que recorrieron las calles de la ciudad poco más de cien años y que, en su momento, fueron uno de los medios de transporte más utilizados por los ciudadanos de la época. ¿Queréis saber más sobre los primeros tranvías de Madrid?

Tranvía de tracción de sangre

A mediados del siglo XIX la ciudad de Madrid experimenta un crecimiento constante que la hace llegar casi a los 300.000 habitantes. La ciudad comienza un periodo de expansión después del derribo de la cerca de Felipe IV que pondrá sobre la mesa el problema de la movilidad de sus ciudadanos. La ciudad crece en dimensión y, por lo tanto, las distancias que se tienen que recorrer para ir a trabajar, por ejemplo, son mayores.

Ante este problema, surge el ómnibus, servicio de transporte urbano que comenzará operando entre la Puerta de Toledo y la Glorieta de Bilbao. Este medio de transporte será, como veremos a continuación, el antecesor de los protagonistas de nuestro artículo, los tranvías. Un ómnibus no era más que un carro cerrado que transportaba pasajeros y que estaba tirado por caballos o mulas. Esta idea había sido traída desde Francia, donde llevaba dos décadas desarrollándose. El transporte era bastante incómodo ya que el vehículo recorría las calles de adoquines irregulares y pavimentos bacheados de la ciudad convirtiendo el trayecto poco confortable para el pasajero.

La expansión de la ciudad hizo que se comenzaran a buscar soluciones al transporte de pasajeros. El ómnibus era una solución buena y barata, pero nada cómoda. Entonces comenzaron a plantearse varios proyectos para el desarrollo de los primeros tranvías de Madrid. Una compañía de origen inglés en 1871 fue la pionera. Construyó e inauguró el primer recorrido, desde la calle Serrano en el barrio de Salamanca hasta la calle Princesa en el desaparecido barrio de Las Pozas. Este primer trayecto pasaba por Cibeles, Puerta del Sol, calle Mayor y calle Bailén. Al igual que hacían los ómnibus, los convoyes utilizaban la tracción de sangre para moverse, es decir, eran tirados por mulas o caballos.

Estos tranvías de sangre, como se les denominaba popularmente, pronto comenzaron a recorrer las calles de la ciudad, como podemos ver en la siguiente estampa en la calle de Alcalá pocos años después del primer recorrido. En pocos años otras compañías e inversores construyeron más líneas que comunicaron el centro de la ciudad con los barrios y pueblos de la periferia como Carabanchel bajo, Carabanchel alto, Chamberí, Cuatro Caminos, Prosperidad, Embajadores o Pacífico. Estas líneas siempre se construyeron entorno a la Puerta del Sol, formando ejes norte-sur y este-oeste. Además, las líneas ayudaron al abastecimiento de mercados, estaciones y fábricas de la ciudad dado que por las noches cambiaban su uso como transporte de personas al de transporte de mercancías y cargas.

Fotografía de la Puerta del Sol en 1900
Fototeca del Patrimonio Histórico de Madrid. Archivo Moreno

Unas décadas más tarde los tranvías de tracción de sangre comenzaron a dejar paso a los tranvías eléctricos. La electrificación de los tranvías supuso un gran reto ya que se tuvo que rehacer toda la red tranviaria, dotar a los carriles de electricidad, instalar líneas eléctricas aéreas en las calles, formar a los conductores y mecánicos,… Un desafía técnico y económico para aquella época que permitieron en gran medida convertirse a la ciudad en lo que hoy conocemos.

Diversas compañías continuaron con la construcción de más líneas para comunicar diversos puntos de la ciudad. Pronto los canarios, los cangrejos o los grises, así llamados por los madrileños a los tranvías de las distintas compañías por sus colores llamativos, competían entre ellos y daban color a las calles madrileñas de aquellos años. Un ejemplo lo podemos ver en el Puente de Toledo o en la Glorieta de Atocha, donde los tranvías eléctricos competían con los carruajes y con el recién estrenado metro de Madrid.

Tranvía eléctrico en Plaza España. Santos Yubero

A principios del siglo XX la ciudad llegó a la cifra de 600.000 habitantes y se llega a los 200 millones de viajeros en un solo año. El tranvía se convirtió en el transporte por excelencia debido a sus frecuencias y su conexión con todos los barrios. Sin embargo, los límites municipales no paraban de crecer y la intensa actividad inmobiliaria fueron desarrollando nuevos barrios como el del Ensanche, las Pozas, la Guindalera, Cuatro Caminos o Ciudad Lineal. No solo este crecimiento se daba en Madrid, sino repercutía en los municipios de alrededor como Chamartín de la Rosa, Fuencarral, Canillejas, Carabanchel Alto o Carabanchel Bajo. Este ritmo tan alto de crecimiento desbordó a las líneas de tranvías que no eran capaces de recoger toda esta demanda de la población, por lo que se comenzó a buscar otras alternativas como el autobús o el Metro.

En la década de los 40 y 50 el tranvía llega a su punto más alto. La red cuenta con su máxima extensión, 188 kilómetros que recorren las calles de la ciudad, y llega a alcanzarse el medio millar de coches. Sin embargo, desde este momento, el tranvía deja de tener la importancia que tuvo. Por un lado, la competencia de las nuevas líneas de autobús y metro es cada vez mayor, por otro, el desarrollo de la industria española automovilística hace que los vehículos particulares vayan poblando cada vez más las calles de Madrid, dejando en el recuerdo, bajo el asfalto de la ciudad, los raíles de los tranvías.

¡Espero que os haya gustado!

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