Origen de los azulejos Visita G Manzana

Cuando en el siglo XVI se estableció de forma definitiva la Corte de Felipe II en Madrid se planteó un problema con todos aquellos funcionarios reales que acompañaban de forma itinerante a la Corte hasta el momento. ¿Dónde alojar a todo aquel personal? 

La solución que se tomó entonces fue la de implantar en la Villa el impuesto medieval llamado regalía de aposento. Esta prerrogativa regia consistía en que los habitantes de la población debían de ceder parte de sus viviendas para alojar a los funcionarios reales y que estos pudieran tener un hogar mientras ejercían sus funciones administrativas y militares en Madrid.

Casa a la malicia. (Localización)

A partir de ese momento, todos los madrileños que tuvieran una vivienda suficientemente amplía debían ceder parte de ella para que los funcionarios reales la utilizaran como alojamiento. He aquí cuando empieza la picaresca y las populares casas a la malicia. Los propietarios, para intentar esquivar este impuesto regio, intentaban engañar al ojo del funcionario real que iba por las calles revisando qué casas eran lo suficientemente grandes como para ceder parte de ellas al uso real. Los propietarios comenzaron a sacar a relucir su ingenio e intentaban hacer que desde la calle, las casas parecieran estrechas, pequeñas e incómodas. Colocaban ventanas de una forma o de otra o incluso hacían que desde la facha principal pareciera que la casa tuviera menos pisos de los que realmente tenía. 

Con el paso de los años, esta imposición dejó de tener sentido, ya que los cortesanos no hacían uso de casas ajenas, sino que poco a poco fueron teniendo las suyas propias. Sin embargo, a cambio de eliminar esta regalía, en tiempos de Felipe IV se implanta la contribución perpetua que consistía en pagar una cantidad de dinero que iba directamente a las arcas reales.

Desde el establecimiento permanente de la Corte, se calcula que la ciudad se cuadriplica, pasando de 2.500 viviendas en el siglo XVI a 10.000 viviendas en el siglo XVII. Con el fin de poner un poco orden y saber qué casas tenía la Villa para poderlas cobrar el impuesto correspondiente, se realizó una Visita General con la idea de que la Junta de Aposento diseñara la ruta que debía seguir el recaudador en su tarea de cobrar los impuestos regios. Este sistema daba mucho al confusión, no solo por la eterna picaresca, sino porque localizar viviendas en función de descripciones era complicado. Por ejemplo, la primera casa de la calle de los bordadores o la última casa de la calle yendo a la ermita de atocha,… Los propietarios no ayudan y acrecentaban la dificultad cambiando de diversas formas. Una de las más utilizadas era cambiar el acceso a la vivienda de sitio para que de esta forma fuera más difícil encontrarla. Estas descripciones de calles, serán el origen de muchos nombres de calles actuales (Arenal, Curtidores, Carretas,…)

Un siglo más adelante, con el impulso del Marqués de la Ensenada, se diseña otra Visita General para realizar la Planimetría General de Madrid. En este estudio, se clasifica la ciudad por manzanas, numerando las puertas de las viviendas en este sentido.  Este sistema, más perfeccionado, tenía sus problemas. Por ejemplo, que dos viviendas enfrentadas tuvieran el mismo número al estar en manzanas distintas. Este es el origen de los azulejos Visita G Manzana que podemos ver en distintas manzanas de la ciudad.

Entrando ya en el siglo XIX el sistema de ordenación urbana se va perfeccionando. En esta época, se dictan varias ordenanzas para nombrar y numerar las calles y plazas de la Villa. El Marques Viuda de Pontejos, uno de los impulsores, elimina nombres repetidos de calles y plazas. Además, se establece  una norma para numerar los portales dentro de una calle. La numeración comenzaría desde el punto más cercano a la Puerta del Sol, con los pares a la derecha e impares a la izquierda. Esta numeración radial desde la puerta del Sol, sería un precedente de la forma de señalar el kilometraje para las carreteras radiales españolas.

Kilómetro cero de la puerta del Sol

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